Fotografía de bodegón: Nociones básicas

Fotografía de bodegón: Nociones básicas

Fotografía de bodegón. Foto: ANNA KUCHEROVA-SHUTTERSTOCK

La fotografía de bodegón es un excelente ejercicio para dominar la iluminación y cuidar la composición

El verano nos deja atrás y, aunque aún podemos disfrutar de los últimos rayos de sol y buenas temperaturas que nos invitan a salir a fotografiar, es hora de conocer los secretos de la técnica favorita de los más frioleros: la fotografía de bodegón. Descubre qué necesitas para empezar.

El equipo

Para la realización de fotografía de bodegón, es aconsejable el empleo de ópticas de, al menos, 50 mm con el objeto de presentar los distintos elementos con fidelidad a su tamaño real y carentes de distorsiones geométricas. Respecto a la iluminación, el mejor control lo tenemos con un flash de estudio o una unidad externa accionable a distancia y dotada de algún tipo de difusor (sombrilla, rectangular…) para suavizar la luz y atenuar la dureza de las sombras.

Por regla general, hay que utilizar varias unidades de flash dotadas de la misma temperatura de color para evitar tonalidades diferentes dentro de la misma imagen. Por su parte, el trípode es un accesorio indispensable, dado que con su ayuda conservamos el mismo ángulo de disparo entre una toma y otra. Cabe recordar que el bodegón exige siempre un máximo de nitidez y que el trípode nos permite la prevención de borrosidades por trepidación.

Otros complementos

Foto: GIANNA STADELMYER- SHUTTERSTOCK

Además de los elementos reseñados, es necesario el uso de una mesa u otro tipo de soporte sobre el que apoyar el motivo y un fondo blanco para las imágenes de carácter publicitario. Sin embargo, nada impide la elaboración de un decorado muy cuidado del estilo de pintores como Willem Kalf, aunque reconocemos que las tendencias fotográficas actuales son más simplificadoras o minimalistas.

Por otro lado, un reflector nos brinda un aporte complementario de luz para aclarar las sombras. Para esta finalidad sirve una plancha de poliestireno. Si el elemento es más reflector que difusor (por ejemplo, un espejo o plásticos metalizados), hay que prestar atención a la creación de sombras cruzadas.

Iluminación

La luz depende del estilo de bodegón en el que nos movamos, que varía desde la imagen de producto, que casa normalmente con el realismo exacerbado y el amor al detalle, hasta una concepción más impresionista. En todos los casos es obligatoria una gran precisión en la gestión de la luz.

Para la fotografía de bodegón aconsejamos la utilización de una sola fuente luminosa complementada con reflectores para aclarar sombras excesivamente densas. En función del planteamiento utilizado, también puede ser necesaria la utilización de viseras o máscaras para proteger al objetivo de luces parásitas o reflejos indeseados.

Los arreglos y mejoras continúan en postproducción, donde podemos retocar parámetros de contraste o brillo, atenuar reflejos o subir o bajar la saturación cromática. Por otro lado, debemos bajar algo la nitidez de ciertas zonas de la imagen con un filtro como el desenfoque gaussiano de Photoshop para focalizar el interés de los espectadores en otras áreas o separar el elemento principal del fondo.

 

Foto: GALINA GREBENYUK-SHUTTERSTOCK

Composición

No existen reglas fijas en la composición de fotografía de bodegón. El objetivo a conseguir es una imagen armónica lograda a través del énfasis en el color, la forma, el volumen y la textura. Esta no es una técnica sencilla, lo que significa hacerse con dosis fuertes de paciencia dentro del método de prueba y error.

Para destacar formas y volúmenes, algunos fotógrafos se apoyan en el empleo del blanco y negro. La famosa fotografía del “Pimiento nº 30” tomada por Edward Weston fue realizada con luz natural. Se valió de luz solar directa y difundida con la ayuda de una gasa. Concretamente, esa famosa imagen del “Pimiento nº 30” le obligó a realizar una estudiada composición a lo largo de una semana en la que utilizó un viejo embudo como fondo.

Cualquiera que sea el motivo, ya se trate de un simple tomate o una composición más compleja, el fotógrafo debe enfrentarse a diferentes elecciones en campos como el ángulo o punto de vista, la distancia, la iluminación, las características del fondo o el gusto de la clientela.

Texto Benito R. Mallol 

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